Sobre poesía.Simone Weil.
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La inteligencia no puede nunca penetrar el misterio, pero puede –y es la única que puede– dar cuenta de la conveniencia de las palabras que lo expresan. En ese cometido, debe ser más aguda, más perspicaz, más precisa, más rigurosa y más exigente que en cualquier otro.
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Timeo. Un poema es hermoso en la exacta medida en que la atención que lo constituye está dirigida hacia lo inexpresable.
El mundo es hermoso. Dios compuso el mundo pensándose a sí mismo.
Quienquiera que tenga la experiencia del carácter trascendente de la inspiración en la creación artística sabe que no hay prueba más evidente de Dios que la hermosura del mundo.
Así como el poeta compone el poema pensando el silencio, así Dios engendró el Verbo pensándose a sí mismo.
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Un poema ha de querer decir al mismo tiempo algo y nada – la nada de arriba.
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En todo aquello que nos provoca una auténtica y pura sensación de lo bello existe realmente presencia de Dios. Hay como una especie de encarnación de Dios en el mundo (Timeo), cuya marca es la belleza.
Lo bello es la prueba empírica de que la encarnación es posible.
Por esa razón, todo arte de primer orden es por esencia religioso. (Cosa que hoy en día ya se ha olvidado.) Tan testimonial es un canto gregoriano como la muerte de un mártir.
Los griegos veían así el arte. Estatuas griegas. Presencia real de Dios en una estatua griega. Contemplarlas es un sacramento.
La ciencia y el arte tienen un mismo y único objetivo, que es el de experimentar la realidad del Verbo ordenador. La ciencia es al logos lo que el arte al Eros órfico, y logos y Eros son el mismo.
(Antes me costaba entender qué unía al arte y a la ciencia. Ahora me cuesta entender qué los diferencia.)
El objeto de la ciencia es la exploración A PRIORI de lo bello.
La teoría de lo bello en las artes y la contemplación de lo bello en las ciencias son cosas, ambas, que deben encontrarse en un mismo camino aún por explorar.
En lo bello ha de verse siempre manifiestamente “la naturaleza de lo necesario”. Es el espacio en la pintura; el tiempo, en la música y la poesía.
Uno de los artículos más lindos de los ejemplares impresos es el que apareció en Hablar de Poesía #17 (Diciembre 2007): una antología de pensamientos sobre poesía dispersos en los Cuadernos de Simone Weil.
La selección fue de Ricardo H. Herrera, a partir de la edición que en 2001 publicara la Editorial Trotta, con traducción y notas de Carlos Ortega.
